El panorama laboral en Panamá enfrenta su momento más crítico en décadas, convirtiéndose en el principal reto de la Administración del presidente José Raúl Mulino.
La tasa de desempleo ha escalado a dos dígitos hasta alcanzar un 10,4 por ciento, lo que se traduce en más de 250.000 personas sin trabajo; un nivel que el país no registraba desde la crisis económica de los años 80 provocada por las sanciones de Estados Unidos contra el régimen de Manuel Antonio Noriega, únicamente superado por el pico de la pandemia.
Ante esta cifra, la ministra de Trabajo, Jackeline Muñoz, sostuvo que la recuperación en el sector continúa avanzando.
“Solamente en el primer semestre de este año se han aumentado las contrataciones en un 22 por ciento. El año pasado generamos 63.000 nuevos empleos, así que la cifra de 80.000 nuevos empleos es perfectamente válida», afirmó la funcionaria, al destacar la cifra de 174.000 contratos reportados por su despacho.
Pese a este volumen de contratación, los económistas señalan que no son suficiente para frenar el desempleo, ya que la ocupación y la desocupación pueden crecer de forma simultánea debido a la dinámica poblacional que ingresa al mercado de trabajo.
«No es una relación de que si hay más empleo, entonces hay menos desempleo (…) porque entra gente al mercado laboral y otros salen. Creció la ocupación y también creció el empleo, pero el desempleo creció mucho más», explicó el economista e investigador Antonio Méndez.
Los programas estatales orientados a la juventud apenas han logrado ubicar a 1.572 jóvenes, con remuneraciones que oscilan entre los 300 y 400 dólares, sin acceso a la seguridad social y con ingresos notoriamente inferiores al costo de la canasta básica familiar.
Méndez alertó que existe una brecha de al menos 450 dólares entre el salario formal promedio y el costo real de vida, un desajuste que paraliza el consumo interno.
Al respecto, el director de Bayano Digital, David Carrasco, describió el drama social que enfrentan las familias desplazadas del sector formal.
»Muchas familias se ven obligadas a buscar el sustento en actividades de subsistencia, pero ante el incremento del costo de la vida se hace cada vez más difícil para un hogar numeroso poder sostener con equidad a todos sus miembros», indicó Carrasco.
